El Vértigo y la Gloria en el Pedregal

El Vértigo y la Gloria en el Pedregal

28 d April, 2026

La Piedra que se hizo Espíritu


En el sur de la Ciudad de México, ahí donde el volcán Xitle decidió hace milenios que la tierra sería de basalto y desafío, se levanta la Ciudad Universitaria. No es solo un campus; es un lienzo de Siqueiros y O'Gorman donde el conocimiento busca la luz. Pero hoy, el conocimiento no se dictó en las aulas de Filosofía, sino en las paredes de resina y magnesio.

La escalada, ese deporte que consiste en desmentir a Newton y negociar con la gravedad, celebró su rito máximo: el Campeonato Nacional Universitario 2026. Aquí, la victoria no se mide en kilómetros, sino en la punta de los dedos y en la capacidad de mantener el aliento cuando el vacío tira hacia abajo.





La Criba Despiadada: El Umbral de las Semifinales


Antes de la gloria del podio, existió el silencio tenso de las semifinales. Ese "purgatorio" donde el error más mínimo se paga con la exclusión. En la rama femenil, vimos la crueldad del deporte en su estado puro: Samia Nicole Caro de la Anáhuac Oaxaca se quedó a las puertas, en un noveno puesto que duele por la cercanía (39.0 pts), mientras María Teresa Orozco de la UNAM (38.7 pts) y Briana Mariely Garcia de la UACJ luchaban contra una pared que parecía no tener fin.

En la varonil, la semifinal fue un festín de titanes. Emilio Ramirez y Erik Balzaretti devoraron los bloques con puntuaciones casi perfectas (99.6 y 99.5), pero detrás de ellos, la lucha por el último boleto fue una carnicería técnica. Cassiel Valadez de la UDG (83.7 pts) logró colarse a la final por un margen mínimo, dejando fuera a talentos como Maximiliano Bello de la UADY y Nicolas Guijarro de la UACJ, quienes vieron cómo el sueño de la medalla se disolvía en el aire saturado de magnesio.



Regina Salazar y el Coro de las Alturas


Si la escalada fuera música, lo de Regina Salazar (ITESM Santa Fe) habría sido una sonata perfecta. Desde las semifinales, donde rozó la perfección, hasta una final de nervios de acero, la representante de los Borregos no escaló: dictó cátedra.

Pero Regina no estuvo sola en el Olimpo. Emi Natalia Peña (Anáhuac Oaxaca) le susurró a la piedra con una fuerza de 99.1 puntos, quedándose a solo un suspiro del oro. Tras el bronce de Paulina Cobian, el muro nos contó otras historias de coraje. Diana Lucia Hernández de la BUAP se mantuvo firme en la cuarta posición (45.0 pts), una consistencia que merece ser cantada. Más abajo, Alejandra Martínez de la UNAM y Sara Porto de la UANL demostraron que la rivalidad entre las grandes casas de estudio también se escribe con las manos raspadas, seguidas por el esfuerzo incansable de Estefania Aide Cuevas (URSE) y Dafne Odet Sumano (UNAM), quienes completaron el cuadro de honor de las ocho mejores de la nación.

El Viento del Norte y el Drama del Decimal


En la rama varonil, la final fue un drama griego donde la dificultad se volvió tiranía. Victor Fernan Piñeyro (UANL) fue el Ulises que encontró el camino a casa, sumando 54.3 puntos para arrebatarle el oro al puma Erik Balzaretti por una décima. Sí, una décima; el tiempo que tarda un corazón en latir decidió el destino de un campeonato.

Emilio Ramirez, el gigante de Santa Fe que dominó la semifinal, tuvo que conformarse con el bronce en una final que no perdonó fatigas. Sin embargo, la épica no termina en el tercer puesto. Samuel Aranzola (ITESM Santa Fe) y Cassiel Valadez (UDG) se batieron en un duelo por el cuarto sitio decidido por apenas 0.1 puntos (19.7 vs 19.6). Fue una batalla de desgaste donde cada zona alcanzada era una conquista territorial.

No podemos olvidar a Diego Alonso Martinez (TECCEM), quien con 9.9 puntos representó el pundonor del Estado de México, ni a Raul Eduardo Lazcano y Ricardo López, quienes empataron en la octava posición con 8.7 puntos. En la frialdad de la estadística aparecen últimos en la final, pero en la geografía del esfuerzo, son los elegidos que lograron estar entre los ocho mejores de entre decenas de aspirantes.



Epílogo: La Raza y el Espíritu


Al caer el sol sobre la biblioteca central, el ambiente olía a esfuerzo bendito. El medallero nos dice que el ITESM Santa Fe mantiene su hegemonía y que la UANL es potencia, pero la crónica nos dice que cada participante, desde el primer lugar hasta el último de la clasificación, fue un recordatorio de la resiliencia humana.

Vimos a competidores de la UV, del IPN, de la UACJ y de la URSE caer y levantarse. Vimos a Jackeline Díaz y Ariadna Tafoya darlo todo en una semifinal que no les dio paso, pero que les dio respeto. Porque en las grietas del muro, como en las grietas de la vida, no solo se busca el oro, se busca la identidad.

Por mi raza, hoy y siempre, habló el espíritu de quienes no temen a la altura.


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